domingo, 6 de abril de 2008

“Los zapatos de Carlito”

Bajo los auspicios y convocatoria de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de la Zona Norte de la provincia de Buenos Aires, fue presentado “Los zapatos de Carlito”, libro de Federico Lorenz donde asoman con crudeza y emoción los testimonios de los obreros navales protagonistas de las luchas de ASTARSA y otros astilleros, y que durante la dictadura genocida sufrieron duramente los avatares de la represión.



La presentación se efectuó el viernes anterior en el Teatro Martinelli, de la Municipalidad de San Fernando, y contó con la adhesión y presencia de jóvenes representantes de la Secretaría de Cultura y de la Comisión de Derechos humanos de esa comuna los que, finalizado el acto, saludaron efusivamente al panel y a los ex trabajadores de los astilleros por la epopeya de la que fueron protagonistas.

El panel que presentó la obra estuvo integrado por Víctor De Gennaro, secretario de Relaciones Institucionales de la CTA, Lila Pastoriza, coordinadora de la edición, Federico Lorenz, autor, Jorge Velardez y Luis Benencio, estos últimos ex obreros de ASTARSA, partícipes de las luchas y la resistencia antidictatorial.

Ellos, entre otros, brindaron sus testimonios para que “Los zapatos de Carlito” fuera una realidad y se convierta en una herramienta de la reconstrucción de la memoria de la lucha popular que el terrorismo de Estado pretendió borrar para siempre.

La velada tuvo comienzo con la presentación de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia, uno de cuyos representantes leyó un documento en el que mencionan los motivos por los cuales un grupo de ciudadanos de zona norte del conurbano bonaerense decidieron formar la Comisión, y subrayaron la importancia de recordar la experiencia sindical de los trabajadores navales a la hora de alimentar las expectativas de fundar vínculos comunitarios más justos en la actualidad.

En segundo lugar, Jorge Velarde, por conocido por todos como “Chaplin”, habló en representación de los trabajadores navales. Las palabras de agradecimiento hacia el autor de Los zapatos de Carlito, lejos de cualquier formalidad, dejaron entrever la intensa amistad que los trabajadores y Federico Lorenz han logrado tramar en estos años de trabajo compartido.

Pero más allá de la satisfacción de tener en sus manos el relato de esa historia que es la suya y la de sus compañeros, “Chaplin” sostuvo que el mayor reconocimiento que podían recibir los navales residía en la posibilidad de que las luchas narradas en el libro constituyeran un espejo ante el cual las nuevas generaciones políticas pudieran mirarse, no sólo para retomar aquellos aspectos de esa experiencia que consideren valiosos, sino también para aprender de sus errores.

Difícilmente esta historia de los astilleros hubiera tenido lugar sin el impulso de Lila Pastoriza, responsable de la orientación editorial del Grupo Norma y ex militante de las organizaciones revolucionarias que sobrevivió a la ESMA. Según la editora de Los zapatos de Carlito, la publicación de la historia de los navales contribuía al menos por dos motivos al debate en torno a nuestro pasado reciente: por un lado, porque retomaba una de la experiencias de lucha de clase más intensas y mejor organizadas de la Argentina de los años setenta; por otra parte, porque su difusión de algún modo hacía justicia a las batallas que tuvieron como protagonista a la clase trabajadora, batallas que, silenciadas a fuego y tortura por la dictadura, aún en la actualidad no adquieren una visibilidad acorde a su importancia, ya que las investigaciones históricas que se ocupan de los años setenta suelen privilegiar la reconstrucción de la trayectoria de las diversas organizaciones armadas y/o de otros grupos sociales.

Víctor de Gennaro, la cuarta intervención de la noche y sin dudas una de las más emotivas, inscribió Los zapatos de Carlito en la saga de aquellos libros que escriben la historia desde la perspectiva de los trabajadores y que recuperan a los luchadores del pasado no sólo como sobrevivientes del terror procesista sino también como agentes políticos que entendieron que era posible transformar las bases políticas, sociales y económicas de la nación en aras de un proyecto donde la riqueza estuviera controlada por quienes la producen, es decir, los trabajadores.

El cierre de la velada estuvo a cargo de Federico Lorenz, quien en un gesto altamente representativo del modo en que encaró el desafío de contar la historia de los navales, colocó sobre la mesa los zapatos que Carlitos Morelli le obsequió cuando lo reconoció como compañero, para afirmar luego que sólo a partir de la escritura del libro sobre los navales pudo comprender por qué motivos tiene sentido ser historiador. Una de las frases de Los zapatos de Carlito así lo resume:

“Elegimos conocer dolores antiguos a veces hasta hacerlos propios. Pero también alegrías, triunfos y pertenencias ajenos, hasta que dejan de serlo. Entonces, lo que deja de ser sólo de otros es el pasado. Esa certeza, en términos de construcción colectiva, a largo plazo, puede ser una victoria”.

La historia, entonces, cobra sentido cuando infunde vida al presente. Después de leer Los zapatos de Carlito, el lector ya no puede ser el mismo, si es que comprendió profundamente los alcances, en términos de lucha, de compromiso con el otro y de expectativas de fundar un lazo social equitativo, de saber que los trabajadores navales son nuestros.

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Una rica experiencia política

“De la obra se desprenden las riquísimas experiencias protagonizadas por los obreros navales, experiencias de organización interna, social y política, que hoy adquieren singular relevancia “para no caer en los mismos errores y valorar los éxitos conquistados”, señaló, a su turno, Luis Benencio.

“Una de las experiencias más valiosas -agrega- es cuando los trabajadores decidieron tomar la fábrica y mantener a los ejecutivos de la empresa como rehenes en respuesta a situaciones de explotación muy graves y por las pésimas condiciones de trabajo. Al cabo de una semana, los trabajadores obtuvieron una resonante victoria, los despedidos fueron retomados y se formó una Comisión de Obreros -la primera de su tipo- que a partir de ese momento tuvo a su cargo el control de seguridad para la prevención de accidentes laborales”.

“El control de los obreros sobre las condiciones de trabajo -nos subraya Benencio- no se había dado nunca en Argentina, y esta primera experiencia demostró la efectividad de la gestión de los trabajadores. Antes, por cada barco que se construía, morían uno o dos operarios, y en los tres años que nosotros nos hicimos cargo del control, no hubo más mortalidad, lo cual pone de relieve la eficacia de los obreros gestionando”.

“Los zapatos de Carlito” nos muestra, además, la integración existente entre trabajadores de los astilleros de la zona norte con la Juventud Trabajadora Peronista y Montoneros, experiencia de la cual -nos dice Benencio- se extraen enseñanzas que nos servirán para transitar los nuevos tiempos.